Tras décadas de un marcado rezago ambiental, el Río Atoyac ha comenzado a mostrar las primeras señales de recuperación gracias a una estrategia hídrica nacional que ha permitido el saneamiento de 30 kilómetros de su cauce en territorio poblano. Este avance responde a una concentración de recursos y obras en los tramos más críticos del afluente, el cual históricamente ha figurado como uno de los más contaminados del país. La clave de esta intervención radica en la instalación de infraestructura especializada como biodigestores, plantas de tratamiento y colectores sanitarios diseñados específicamente para reducir las descargas directas que asfixian al río.
Actualmente, el proyecto destaca por la construcción de 23 kilómetros de colectores en las zonas de San Matías Tlalancaleca y Santa Rita Tlahuapan, una obra valuada en 108 millones de pesos que mejora directamente la calidad de vida de más de 35 mil personas. Estas acciones se complementan con la colocación de casi 500 biodigestores y la habilitación de un humedal en la localidad de Otlatla, mientras otros municipios ya se encuentran en lista de espera para la siguiente fase de ejecución.

Hacia el año 2026, el plan maestro contempla la expansión de estas obras hacia San Martín Texmelucan, Calpan, Domingo Arenas y San Salvador el Verde, incluyendo la edificación de nuevas plantas de tratamiento en puntos estratégicos de la región. No obstante, las autoridades han sido enfáticas al señalar que la recuperación total del Atoyac todavía enfrenta el desafío de la vigilancia industrial, pues sumar a las empresas al cumplimiento estricto de las normas ambientales es vital para frenar las descargas químicas que siguen representando el mayor obstáculo para el éxito del proyecto a largo plazo.



