EL FEMINISMO NO PROPONE DOMINAR A LOS HOMBRES

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Yoselin Rodríguez

En medio de tantas opiniones, debates y publicaciones en redes sociales, hay una idea que se repite constantemente: que el feminismo busca que las mujeres estén por encima de los hombres, que pretende invertir los roles de poder o incluso someter. Pero esa afirmación, más que una realidad, es una distorsión.

El feminismo no nace del deseo de dominar, sino de la necesidad urgente de dejar de ser dominadas.

Históricamente, las mujeres han enfrentado desigualdades profundas en distintos ámbitos de la vida: acceso limitado a oportunidades, violencia normalizada, invisibilización de su trabajo y decisiones tomadas sin su voz. Durante mucho tiempo, estas condiciones fueron vistas como “lo normal”. Y cuando lo normal se cuestiona, incomoda.

Por eso, cuando el feminismo alza la voz, muchas veces se malinterpreta. Se percibe como una amenaza, cuando en realidad es una exigencia de derechos básicos: vivir sin miedo, tener las mismas oportunidades, ser escuchadas y respetadas.

Decir que el feminismo busca dominar a los hombres es ignorar el origen del movimiento. No se trata de cambiar quién está arriba y quién está abajo, sino de eliminar esa estructura desigual. No es una lucha para imponer, sino para equilibrar.

El feminismo no es una guerra contra los hombres. Es una lucha contra un sistema que históricamente ha colocado a las mujeres en desventaja. Y en ese proceso, también invita a los hombres a cuestionar los roles que les han sido impuestos, a liberarse de estereotipos que también les afectan, y a formar parte de una sociedad más justa.

Hablar de igualdad no debería ser motivo de conflicto, sino un objetivo común. Porque una sociedad donde las mujeres viven con libertad, seguridad y oportunidades, es una sociedad que avanza para todas las personas.

El feminismo no propone dominar. Propone algo mucho más profundo y necesario: transformar.

Y en esa transformación, no hay ganadores ni perdedores. Hay justicia.

DE TOCHO-MOROCHO