El feminismo no exige mujeres perfectas

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Yos Rodríguez

Como cada año, cada marzo aparecen en redes sociales publicaciones que dicen algo como: “Muy lindo tu feminismo, lástima que te rías del físico de otra mujer, que te burles de la que fue engañada o que salgas con hombres que tienen novia.”

Y entonces surge la pregunta: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?

Este tipo de comentarios suelen aparecer justo cuando las mujeres levantan la voz para hablar de derechos, de desigualdad o de violencia. De pronto, el debate deja de ser sobre las condiciones estructurales que viven las mujeres y se convierte en un juicio moral sobre su comportamiento individual.

Es una estrategia conocida: desacreditar el mensaje atacando a la persona.

Se espera que las mujeres que se nombran feministas sean prácticamente perfectas. Que no cometan errores, que nunca reproduzcan actitudes aprendidas, que no tengan contradicciones y que además sean moralmente intachables. Pero esa exigencia rara vez se aplica a otros movimientos sociales o incluso a los hombres.

La realidad es que el feminismo no exige mujeres perfectas, exige derechos y condiciones de igualdad.

Las mujeres, como cualquier ser humano, crecen dentro de una sociedad que durante siglos ha reproducido estereotipos, competencia y juicios sobre los cuerpos, las decisiones y la vida de otras mujeres. Desaprender esas conductas es parte de un proceso social y personal que toma tiempo.

Además, reducir el feminismo a los comportamientos individuales de algunas mujeres es ignorar que se trata de un movimiento que cuestiona estructuras de poder, desigualdades históricas y sistemas de violencia.

El feminismo no es una medalla de pureza moral. Es una herramienta para analizar la realidad y transformarla.

Cuando alguien responde a una demanda de igualdad diciendo “pero tú también críticas a otras mujeres”, lo que está haciendo es desviar la conversación. En lugar de hablar de derechos, se intenta colocar a las mujeres nuevamente en el banquillo de los juicios.

Y esa lógica tiene algo en común con aquello que el feminismo critica: la tendencia constante a vigilar, cuestionar y juzgar a las mujeres por todo lo que hacen.

Hablar de feminismo no es afirmar que las mujeres son perfectas. Es reconocer que viven en una sociedad donde todavía existen desigualdades que deben cambiar.

Porque el objetivo del feminismo nunca ha sido construir mujeres impecables.

El objetivo es construir una sociedad más justa.

DE TOCHO-MOROCHO