Yos Rodríguez
Hace unos días mientras disfrutaba una canción con una letra cuestionable, dejándome llevar por la música, de repente escuche ¿Y tú no que muy feminista? Pero bien que cantas Bad Bunny, ¿eh?
Me reí en ese momento, pero por dentro me incomodó. No por lo que dijo, sino porque no era la primera vez. Ya antes me habían lanzado esa misma frase como si fuera un “¡te atrapé!” moral. Como si disfrutar de una canción con letras cuestionables anulara todo lo que soy, todo lo que pienso, todo lo que he hecho por entenderme y defenderme en este sistema.
Con el tiempo aprendí que este tipo de comentarios no buscan abrir un diálogo. Lo que buscan es invalidar. Es la forma más fácil que muchos encuentran para deslegitimar las luchas de las mujeres: juzgar nuestras decisiones individuales como si fueran incoherencias imperdonables. Pero lo que no entienden es que el feminismo no es un concurso de pureza. Es un proceso, una toma de conciencia. No una etiqueta que te obliga a ser perfecta ni a vivir aislada de la cultura que nos rodea.
Sí, escucho música con letras machistas. Sí, a veces me dejo llevar por el ritmo, Y si, también soy feminista. Una cosa no anula la otra.
Porque el feminismo no me pide que me encierre en una cueva libre de reggaeton, de memes o de contradicciones. Me pide que piense, que cuestione, que observe lo que consumo con ojos críticos. Que disfrute si quiero, pero que no deje de ver lo que hay detrás. Y eso, créanlo o no, es mucho más poderoso que fingir una perfección que no existe.
Lo irónico es que muchos de los hombres que nos critican por cantar letras machistas consumen sin cuestionarse nada: videojuegos llenos de violencia, series que glorifican a agresores, pornografía agresiva donde la mujer es objeto. Pero eso no lo ven como una contradicción, porque a ellos nadie les exige coherencia. A las mujeres sí.
Yo he aprendido que mi feminismo no se trata de demostrarle nada a nadie, sino de ser fiel a mis convicciones incluso cuando el mundo me empuja hacia lo contrario. Y si un día bailo, me río, me suelto… eso también es parte de mi resistencia.
Así que, si alguna vez me ves cantando algo que te incomoda y te dan ganas de preguntar: ¿Y tú no que muy feminista? Quizá yo te devuelva la pregunta ¿Y a ti por qué te molesta que tenga derecho a decidir… incluso lo que escucho?



