Carlos Sainz se volvió a reivindicar como piloto y, sobre todo, como ganador nato con su luchada victoria en el Gran Premio de México, su segunda en el Mundial y la cuarta de su ya exitosa trayectoria en la Fórmula 1. No fue nada fácil, ya que pese a tener la pole una de las primeras maniobras sospechosas de Max Verstappen, que aun así salió mucho mejor, le relegó a la segunda posición. Pero desde la vuelta 9 la prueba fue dominada de cabo a rabo por el español, que encamina su adiós a Ferrari dejando una huella y un legado imborrables.
El madrileño no tuvo prácticamente rival y no desaprovechó la oportunidad de firmar, de momento, su último primer puesto con el monoplaza construido en Maranello. Así, cumplió su deseo de ganar una vez más con Ferrari, al que catapulta directamente hacia su otro propósito: levantar el título de constructores. Y a ver si no cae alguna victoria más de aquí hasta el 8 de diciembre.



